sábado, 3 de diciembre de 2011

Sol

Pobremente me encontraba y fuiste dulce. Inexplicablemente, me levantaba por las MAÑANAS* con una extraña sensación sin buscar el desayuno. Era suficiente con que me saludaras.
Aún sin nada, creo que pase de ser un simple pobre a experimentar la humildad. Mi ayuno se había vuelto aun más poderoso y vencía todo antojo burgués, como también toda hambre necesaria. Aun así me "alimentabas" (creo que con algo especial). A lo mejor no era ni si quiera ese tu objetivo o intención, pero se volvió más que suficiente para mi. Tu destellar de luz.
De tanta dicha del despertar al atardecer, también debo aceptar y confesar que vivía preocupado intermitentemente. Por que el tiempo no se detiene y de pronto tu ausencia se hacia presente. Me encontraba en compañía de la noche. Noche que con luna llena, "mareas invencibles y arrebatadoras". (No estabas tú, pero mandabas el pequeño mensaje, -no me olvides-, al iluminarla. Me querías ver feliz mientras te ausentabas) Sin ella, yo no concebía la tranquilidad que se me daba, ni siquiera la disfrutaba: me faltabas tú...
  
 *Mañana: nombre que tu provocaste y que en llego a significar el calor de una buena compañía al "despertar un día más"

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