lunes, 4 de abril de 2011

Un cuento no tan feliz...


El plato y la taza
Siempre se encontraban en la suciedad y en la costumbre de una familia desobligada que no se dedicaba a ordenar, pero aún así el plato y la taza se amaban. Aunque sucios, siempre que se veían, lo hacían con ojos de amor, de sincera pasión. No tenían peros ni contras entre ellos. En sí, compartían los mismos detalles en común. Por ejemplo, que les encantaba que les tocara la chica mayor de la familia que los tenia en la alacena para comer, porque a lugar de poner al plato y a la taza a la espera de que algún día fuesen lavados, ella misma los lavaba. Eran los trastes favoritos de ella, le encantaba como se veían juntos….
Siguiendo con el cuento, un pequeño inconveniente entre que ellos se amaban había, la taza era mucho mayor que el plato joven, y lamentablemente la familia de la taza no daba su brazo a torcer cuando se trataba de amor para su familiar taza, por ello el único lugar donde podían estar juntos sin que nadie los molestara era en la “suciedad del fregadero”.
Las envidias no se hicieron esperar. Como era una familia de diez integrantes, ya se imaginaran cuantos platos, vasos, cucharas, tenedores, cuchillos, ollas, sartenes, e infinidad de trastes  que se encontraban ahí regularmente, y la cantidad de rumores y chismes que alimentaban entre si esa suciedad. 
Lamentablemente las envidias, comentarios y rumores el las que giraba el inmenso amor del plato y la taza, hicieron que se separan.
Moraleja: La suciedad del fregadero, no siempre fue el lugar, ni la familia desobligada que se dedicaba a ordenar, una familia convencional.

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